Correr no es sólo correr, es algo más. Es estilo de vida, es comunidad, es tecnología… Y también es negocio, por supuesto. El running se ha convertido en un fenómeno que va mucho más allá de la actividad física, y el retail está sabiendo aprovechar esta inercia.
Sólo el Maratón de Londres recibió este año 840.318 solicitudes, superando ampliamente el récord de 2024, que estaba en 578.374 personas inscritas.
La industria que gira en torno a esta actividad tan aparentemente simple —ponerse unas zapatillas y salir a correr— no deja de crecer: zapatillas con placas de carbono a 250 euros, relojes GPS de más de 1.000 euros y fisioterapeutas a demanda forman parte de un ecosistema donde el gasto medio por corredor se multiplica.
Y eso se nota en los balances. Adidas ha informado que su división de running creció un 25% en el último trimestre, mientras que Hoka, la marca fetiche de los corredores de fondo, batió récord de ventas con un crecimiento del 20% en el primer trimestre de este año.
Tiendas físicas con alma de club
El retail deportivo es consciente de todo lo que está pasando. La industria se está adaptando rápidamente, reinventándose y transformando la incertidumbre en oportunidad. Por eso, lo que antes era una experiencia de compra puntual en cualquier tienda de deporte, ahora se convierte en un punto de encuentro.
Cadenas como Fleet Feet han sabido reconvertirse en espacios donde la tecnología (análisis de pisada, escáner 3D del pie) se combina con entrenamientos, comunidad y asesoramiento personalizado.
Y no son las únicas. Marcas como On Running, cuentan con flagships en Chicago y Nueva York donde su diseño inmersivo une identidad local, experiencia sensorial y tecnología deportiva. Estas tiendas, además de vender zapatillas, ofrecen espacios para eventos, pruebas de producto, análisis de carrera y entrenamiento comunitario. Son auténticas embajadas del estilo de vida runner.
Plataformas digitales que fidelizan a base de pasos
El canal digital también corre a buen ritmo. Plataformas como Strava han demostrado que la experiencia deportiva es aún más potente cuando se comparte: el 58% de sus usuarios afirma haber hecho amigos dentro de comunidades deportivas.
Así, los datos, los retos y el reconocimiento social se han convertido en potentes palancas de fidelización para las marcas.
Al mismo tiempo, crecen los modelos DTC? (Direct to Consumer) que permiten a marcas como Salomon o Arc’teryx conectar directamente con el usuario final, ofrecer suscripciones, personalizar ofertas y captar datos clave. Este enfoque ha hecho que Amer Sports, propietaria de ambas marcas, aumente sus ingresos en productos para deportes al aire un 35% en el último trimestre.
El cliente quiere sentirse parte de algo
El crecimiento de comunidades como Tigers Running Club, que ha pasado de 500 a 1.400 miembros, o el auge de entrenadores personales que diseñan planes para todo tipo de personas, revelan algo más profundo: correr es una experiencia social y emocional. Y el retail, cuando se alinea con eso, gana.
En este nuevo retail deportivo, los productos se prueban, pero también se viven. Porque el consumidor ya no busca sólo rendimiento, sino también sentirse parte de algo.
Por eso, las marcas que más están creciendo son las que ofrecen el mejor producto pero, además, construyen una historia, una comunidad y un propósito alrededor de él.