Cambiar el sofá como quien cambia de look. Comprar una estantería que no durará más que una suscripción mensual… En la era del diseño exprés, el hogar se convierte en escaparate de tendencias fugaces, pero también de residuos persistentes. Así que la pregunta es obvia: ¿Es inevitable este modelo? O, como en la moda, ¿podemos pasar del fast furniture al diseño responsable?
Un mercado en auge con sombras
Pese a la incertidumbre económica de los últimos años, el sector del homeware? ha seguido creciendo de forma sólida. El informe Global Homeware Sector Report 2025, elaborado por RetailX, estima que el mercado global alcanzará los 145.000 millones de dólares este año y proyecta un crecimiento anual del 7% que lo llevará hasta los 191.000 millones en 2029.
Factores como la recuperación del mercado inmobiliario, la mejora de las condiciones macroeconómicas y el auge del e-commerce han sido decisivos para sostener este crecimiento.
En paralelo, el comportamiento del consumidor también ha cambiado. Durante la pandemia, los proyectos de bricolaje, decoración y renovación doméstica se dispararon. Y con el encarecimiento del acceso a la vivienda, muchos consumidores optaron por invertir en sus actuales hogares. Hoy, decorar la casa es algo más que una necesidad funcional: es una forma de proyectar identidad, de reconectar con lo íntimo y de seguir las tendencias.
Pero esa velocidad con la que cambian los gustos y se consumen nuevas piezas decorativas ha traído consigo una dinámica peligrosa: la del fast furniture.
Fast furniture: estética rápida, residuos duraderos
No es una categoría oficial, pero el concepto ya ha calado en la conversación. Hablamos de muebles asequibles, atractivos y accesibles, pero producidos en masa, con materiales poco duraderos y destinados a ser reemplazados en poco tiempo. El resultado es un modelo lineal que genera toneladas de residuos cada año y que pone en jaque cualquier aspiración de sostenibilidad.
Este fenómeno está ganando atención. Si bien su crecimiento está impulsado por la presión del precio y la demanda de inmediatez, el propio informe de RetailX reconoce que hay una conciencia creciente entre los consumidores sobre su impacto ambiental. La pregunta ya no es qué diseño está de moda únicamente, sino también cuánto va a durar y qué consecuencias tiene.
La sostenibilidad ya no es un plus, es una expectativa
Según dicho informe, el 58% de los consumidores online tiene en cuenta criterios sostenibles al adquirir productos para el hogar y el 68% estaría dispuesto a pagar casi un 10% más por artículos responsables con el medio ambiente. Además, un 20% de los compradores ya ha optado por mobiliario reacondicionado o de segunda mano en los últimos 12 meses.
Estos datos reflejan una mayor sensibilidad medioambiental, además de una evolución clara del mercado hacia valores más alineados con la economía circular. Para el retail, esto representa un cambio de paradigma: ya no basta con vender productos funcionales, ahora hay que ofrecer también una narrativa sostenible, auténtica y trazable.
De la teoría a la acción: marcas que rediseñan el modelo
Frente al modelo lineal, surgen iniciativas que están transformando el ciclo del producto en el homeware. Y lo hacen desde distintas posiciones del ecosistema.
Por ejemplo, Vinterior, una plataforma especializada en mobiliario vintage y segunda mano, ha logrado evitar que más de un millón de piezas acaben en los vertederos. Su modelo de negocio, por una parte, conecta con la tendencia estética retro y, por otra, se basa en una lógica circular y comunitaria.
ChopValue UK es otro ejemplo: la compañía ha recogido cinco millones de palillos chinos usados en un año y los ha convertido en escritorios, estanterías y otros productos funcionales y de diseño. Se trata de un caso de éxito de upcycling con impacto medible.
IKEA, uno de los gigantes globales del mobiliario, está redoblando su apuesta por la sostenibilidad con programas de recompra, líneas circulares y materiales reciclables. Su ambición declarada de convertirse en una empresa completamente circular para 2030 le ha llevado a rediseñar su catálogo y sus procesos de producción.
Room & Board, por su parte, destaca por su compromiso con la producción local en EEUU, el uso de maderas sostenibles y el diseño duradero como eje estratégico.
Y más allá del sector tradicional, Heineken Sudáfrica ha lanzado una colección de muebles creados íntegramente a partir de botellas recicladas, demostrando que la innovación sostenible puede llegar desde donde menos se espera.
El e-commerce como canal de oportunidad y de contradicción
Otro dato clave del informe es que el 42,5% de los consumidores ha comprado productos de homeware online en el último año. Aunque una parte significativa aún valora ir a la tienda física por la confianza que da ver y tocar el producto, las ventajas del e-commerce —disponibilidad 24/7, más variedad, comparativa de precios— son difíciles de ignorar.
Esto obliga al retail a replantearse cómo vende y también qué vende. El reto es introducir la reflexión, la trazabilidad y la sostenibilidad sin perder la experiencia fluida en un entorno digital en el que todo se basa en clics rápidos y decisiones impulsivas.
Retail: de escaparate de tendencias a garante de propósito
La oportunidad para los retailers está en liderar un nuevo relato: pasar de la estética inmediata al diseño con alma. Ofrecer muebles que duren, que puedan recomponerse, reutilizarse, intercambiarse. Y construir desde ahí un valor diferencial que conecte con el consumidor exigente, informado y cada vez más crítico.
Los datos lo confirman: la sostenibilidad ya no es un argumento secundario. Es una expectativa transversal. Y el retail tiene la oportunidad, y la responsabilidad, de actuar como prescriptor, educador y facilitador de ese cambio.
Hacia un hogar más consciente
El homeware actual es algo más que una cuestión de estilo. Es una categoría con peso cultural, emocional y medioambiental. Y para quienes buscan reconectar con lo esencial, los muebles que cuentan una historia —de reciclaje, de materiales nobles, de comunidad— tienen más sentido que nunca.
No se trata de renunciar al diseño ni de pagar más por conciencia. Se trata de construir hogares que duren. Y de demostrar que la sostenibilidad también puede ser hermosa, rentable y deseable.